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Miércoles, 22 May 2013

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Reseñas de Discos

AC/DC - Powerage (1978)

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La edad del Power, que linda es. Mierda, ese guiño a Chiquititas era innecesario. Ok, AC/DC en la segunda mitad de los 70's con el indomable Bon Scott era de las cosas más excitantes que se podían pedir. Siempre y cuando no seas un punky o un Travolta wannabe. El mito de su origen australiano sólo tiene que ver con su por entonces actual lugar de residencia. Los hermanos Young eran al igual que Scott escoceses inmigrantes. El bajista Cliff Williams que acababa de entrar para el disco era inglés. Solo el batero Phil Rudd era puramente australiano. Salteemos la parte de micro biografías y análisis de cómo llegan para este disco, sólo hablemos de Powerage.

Empezemos por las convenciones obvias que tendrá el disco por ser un disco de AC/DC. Es crudo, es aplastante, es groovy a morir, y si, es rock n roll en el sentido más digno del término. No es tan hermoso y perfecto como el disco sucesor, Highway to Hell (1979), pero tiene facetas que no se encontrarían en otros discos de la banda, por más irónico que suene. Pero el efecto es el de siempre: sobredosis de adrenalina y testosterona para hacerte sentir poderoso. Su capacidad de rockear es tan auténtica y pura que no solo eran inigualables con sus contemporáneos, sino también con cualquier banda tratando de hacerse su lugar hoy. Solo de pensar que el disco tiene más de 30 años, con semejante contundencia y perduración con el presente, quiere decir que algo está muy bien con estos muchachos.

La carta de presentación “Rock n’ roll Damnation” es lo que debe ser y de lo que se trata todo: riff de rock clásico y sucio, Scott dando cátedra de lo que es un cantante de rock, estribillo siempre pegadizo y letras sobre lo que es ser un rocker de clase obrera. Hay un pequeño punteo al principio dándole tensión pero en seguida ¡zas!, claro que si, a lo suyo muchachos. “Down Payment Blues” está entre las 10 canciones favoritas de Slash, diciendo que la progresión de acordes es magnífica. En este oscuro tema se luce una vez más Bonnie, con una historia siempre rozando lo autobiográfico sobre un hombre endeudado en decadencia. La canción no es tan obvia como sus standares tanto por el riff bien oscuro y distorsionado, como por las estrofas más prolongadas al servicio del relato. “Gone Shootin`” no es funk pero es funky. Una de las mejores canciones que nadie conoce de la banda, llena de ritmo. El riff es un entrelazado punteo entre las guitarras, que terminan divirtiéndose con una zapada final que bien podría haber durado mucho más.

"Gimme a Bullet" tiene una fuerza en la base rítmica increíble. No parece tener algo especial pero en cuanto se aprecia como la banda lleva la canción con oficio, con huevo, sin tener prácticamente estribillo, chapeau. El bajista Williams sumó al disco un toque diferente tirando punteos por aquí y por allá, además de los obligados bajos bombeantes.

"What's next to the Moon" aunque vaga musicalmente es especial por la retorcida y humorística letra, y por ese tercer verso cantado a dúo con por Bon y Malcolm Young lleno de rudez y macho power. La canción más lograda debe ser "Riff Raff", otro tema que rompe en parte con el esquema tradicional de canción de la banda, por la cantidad de secciones y riffs. Y el solo está muy bien. El comienzo es casi una literal bola de ruidos que da lugar a ese rocanrolero riff que tanto nos gusta. Es la canción mas rápida y rabiosa de seguro. "Sin city" y "Kicked in the Teeth" no están mal pero tampoco tienen demasiado para destacar salvo el interludio de bajo en la primera y el canto de Bonnie al principio de la segunda, a lo "Black Dog" de Led Zeppelin. Y "Up to my neck in you" es un rock and roll tan extremo y contundente que quizás no sea soportable para puristas del rock cincuentero, Y esto no es heavy metal, se calman.

Luego vendrían monumentalidades como Highway yo Hell (1979) y Back in Black (1980), y atrás quedaron los vintage High Voltage (1975) y los duros Let There Be Rock (1977) pero no hay que descuidar este disco que aunque a veces sucio y desprolijo, tiene canciones mejor armadas y no tan obvias. Capaz no sea a el mejor disco para empezar a escucharlos pero tiene muchos factores a destacar que justifican la grandeza de la banda. Bon siempre tiene buenas historias que contar y sabe como hacerlo. Y la tapa está a la altura de las circunstancias.

 

 

Agustín Fagetti
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The Beatles - Beatles for Sale (1964)

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No voy ni a empezar a esforzarme para hacerles justicia a discos como Revolver o Abbey Road. Ni mucho menos meter mis narices en Sgt. Pepper Lonely Hearts Club Band. Habría demasiado que escribir al respecto y probablemente no lo haga de la mejor forma. Como si no hubieran ya suficientes artículos dedicados a estos discos, sería un embole leer y escribir más de lo mismo y ni siquiera de la mejor forma. Sgt. Pepper igual nunca fue un disco que me haya volado la cabeza por completo como para explayarme a escribir sobre él, por más idealizado que esté. Sería igual de aburrido escribir sobre qué y quiénes fueron The Beatles.
 
Beatles for Sale gracias a los responsables de mi existencia fue el primer disco Beatle que llegó a mis oídos. Y llega quizás en un momento desafortunado. Todos y cada uno de los discos sacado bajo el nombre de The Beatles fue una revolución en misma, pero Beatles for Sale debe haber sido el más discreto en cuanto a innovaciones y a su vez tenía seis covers, cuando ellos mismos había marcado tendencia en el hábito de componer tus propias canciones en un disco. A Hard Day's Night (1964) que había salido sólo unos meses antes era enteramente compuesto por la banda, sin un sólo cover, lo que para la época era todo una novedad. Y es que entre giras, LP's que sacaban cada seis meses y simples que componían paralelamente a los álbumes era inevitable que pasara. Seis meses después saldría la banda sonora de Help! (1965) y a continuación el importante Rubber Soul (1965).
 
Este disco pasaría más desapercibido que el resto de sus trabajos pero es un disco en donde Lennon ya no es tan optimista ni ingenuo con sus canciones de amor. Las primeras tres canciones son oscuros pop de desamores, frustraciones, inquietudes. Aunque la melodía del principio de "No Reply" parezca amable, las armonías del interludio son más dramáticas y potentes que mucho de lo que venían haciendo. "I'm a loser" es muy explícito de qué va la cosa, y se siente una ligera influencia en Dylan . "Baby's in Black" es todavía más melancólica que las primeras dos, y confirma la transición de Lennon como compositor personal. Mccartney, el hombre-melodía, sólo aportaría "I'll follow the sun" y "What you're doing", perfectas canciones pop, naturalmente. No se esperaría menos de Sir Paul. La primera predice "Blackbird" y la segunda el sonido de The Byrds. "Eight Days a Week", "Everly Little Thing" y "I Don't Want to Spoil the Party" tienen de las mejores melodías que haya compuesto Lennon por lo menos en la primer etapa Beatle.
 
Y la mayoría de los covers están notables. Cada integrante eligió temas que tenía ganas de tocar y cantar y lo hicieron. Hasta Ringuito se despacha cantando el rockabilly de Carl Perkins"Honey Don't" como todo un veterano en el tema. Harrison también haría un tema de Perkins para cerrar el disco con el cínico "Everybody's trying to be my babe". Paul se manda un impresionante medley de rock and roll con un rabioso canto que descoloca luego de haberlo escuchado cantar sutilmente "I'll follow the sun". El inevitable cover de Chuck Berry lo hace Lennon. Inevitable porque los cuatro amaban al rey Chuck y versionaron muchos de sus temas cuando arrancaron a tocar juntos.
 
Luego de haber escuchado el resto de sus discos, Beatles for Sale sería como el disco alternativo de la primera etapa de la banda, bastante inusual para iniciarse a las bellas artes de los de Liverpool. A simple escucha pareciera el disco más genérico de ellos, pero sigue siendo un disco tan disfrutable e interesante como cualquiera del resto. Lennon se luce con sus melodías pero bueno, no podemos culpar a Paul que se estaba guardando todo para el (alabado seas) Revolver (1966).
 
Agustín Fagetti
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Fleet Foxes: No apto para “Jingle” escuchas

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No. No sale en la radio, no es una banda super “famosa”, no llena estadios y no canta a la revolución política. No tienen promotores multimillonarios, no tienen limusinas ni nenas rubias ni tampoco tienen rastas y cantan a jah dios.

 

Son Fleet Foxes, un sexteto de “Indie folk” formado en el año 2006 proveniente de Seattle (EEUU), que si usted aún no lo escuchó y es amante de la música, ¡le recomendamos hacerlo de manera urgente!.  

Robin Pecknold y Skyler Skjelset estudiaban juntos cuando decidieron comenzar a hacer música a muy temprana edad. Ambos siendo amantes de Bob Dylan y Neil Young, formaron lo que hoy se denomina Fleet Foxes.

 

Una propuesta estética y un sonido sumamente setentista, melodías que perfectamente podrían haber sido compuestas por juglares de palacios  medievales y cánticos  inspirados en jóvenes musas que nos transportan a las más hermosas experiencias musicales.

 

Rápidamente con ayuda de un productor local, editaron su primer demo EP homónimo. La prensa local de Seattle fijó instantáneamente la vista en ellos y más de un productor aseguró estar impresionado por las letras y el talento musical de estos jóvenes de apenas 23 – 24 años. En el 2007 comienzan a grabar su primer LP también homónimo como continuación de su anterior demo. Las canciones de este primer album fueron grabadas en su mayoría en la propia casa de los músicos, ya que por falta de presupuesto los grandes estudios de la ciudad no eran una opción.

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Dicho album rompió los esquemas desde todo punto de vista. Como hizo el grunge de los noventa proveniente de la misma cepa geográfica, Fleet Foxes abre un nuevo espectro no ya musical para lo que se viene escuchando por estos años, sino más bien una ruptura auditiva. El recurso barroco de la fuga de Bach junto a las cítaras, violines, guitarras, arreglos corales, soul, todas caricias auditivas y sonoras que hacen la delicia y el buen gusto por escuchar y entregarse a una nueva experiencia musical. 

 

Ya desde antes de editar este maravilloso disco, en el MySpace que la banda abrió, tenían 250.000 visitas solo por el “boca a boca” de la gente que se dejaba encantar por la voz de Pecknold, los bombos, las guitarras, los riffs exquisitos y la propuesta de dejarse enamorar por la música.

Su trabajo más reciente, “Helplessness Blues” de este año 2011, no defraudó en lo absoluto lo anteriormente elaborado por la banda. Sigue teniendo la frescura, el canto y la experiencia setentista ante todo.

Temas de su discografía como “Myconos”, “White Winter Hymnal”, “Sun It Rises”, el parte pechos de “Tiger Mountain Peasant Song”, “Helplessness Blues”, “Lorelai” y una infinidad de temas más, conforman el hermoso universo sonoro de esta fantástica banda.

 

 

Al uruguayo le cuesta entregarse a nuevas experiencias sin temor a no quedar inseguro en las redes del “¿y si me gusta qué hago? Por las dudas no lo escucho”. Atrévase, esta a solo un click de distancia de conocer a una de las obras más increíbles de la actualidad: Fleet Foxes.

 

White Winter Hymnal

 

 

Helplessness Blues

 

 

The Who Sings My Generation (1965)

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The Who editaría su disco debut en 1965, venciendo los pronósticos de aquellos que decían que una banda con personalidades tan problemáticas y dispares nunca lograría permanecer junta lo suficiente como para grabar un álbum.

 

Lo cierto es que luego de un período francamente turbulento en el cual el cantante Roger Daltrey sería expulsado y admitido casi de inmediato nuevamente por el grupo, y que Pete Townshend fuera aceptado como quien compondría el material de la banda, el cuarteto británico grabaría y publicaría la placa que conocemos como “The Who Sings My Generation”. Ese fue el título que Decca (hoy MCA) le adjudicó al disco, al mismo tiempo que le cambiaba la tapa y escribía mal el nombre de los integrantes del grupo en los créditos. El nombre verdadero del disco era simplemente “My Generation”, y durante años los seguidores de The Who han jugado a elegir un verbo más acorde que aquel escogido por la discográfica: “The Who Screams My Generation”, “The Who Annihilates My Generation”, “The Who Obliterates My Generation”...

 

Porque el hecho es que la banda hizo cualquier cosa antes que algo tan amable como “cantarle” a su generación. Este álbum sería uno de los discos de cabecera del movimiento punk, movimiento que aún se encontraba a una década de distancia. La voz casi neandertalítica de Roger Daltrey y el asalto incesante de Keith Moon a su batería junto con los ritmos cortantes de Pete Townshend y el bajo predominante de John Entwistle (quizá el bajo grabado más claramente en un disco de rock a la fecha) estaban sentando las bases para un movimiento que iba a conmocionarlo todo a su debido tiempo.

 

¿Y qué decir de las letras? La canción que le prestaba su nombre al disco proclamaba “Espero morir antes de llegar a viejo”, y cuando Roger cantaba esas líneas lo que realmente asustaba era que había pensado y medido muy bien lo que estaba diciendo. Y el disco abandonaba por completo el enfoque romántico inherente a muchos otros artistas contemporáneos. “The Good’s Gone”, “Much Too Much” y “Lies” tienen títulos que caen por su propio peso, mientras que el protagonista de “A Legal Matter” se daba a la fuga cuando su novia quería que contrajeran matrimonio. Como dato anecdótico, Pete Townshend ofició de vocalista en esa canción ya que Roger se acababa de divorciar, y la letra de “A Legal Matter no le causaba mucha gracia que digamos...

 

El otro gran tema del disco junto con “My Generation” sería indudablemente “The Kids Are Alright”, un himno mod donde el amor (de existir realmente) existe de la forma más volátil de todas, confinado a esos salones de baile donde los mods se sumían en la música y se volvían uno con la banda. Keith Moon sería imparable en ambos cortes, y es interesante destacar que las dos canciones fueron grabadas el mismo día.

 

Y el álbum también incluía tres covers de blues, las cuales sonarían desconcertantemente insípidos. The Who era una gran banda de blues en vivo, pero esa explosividad no sería capturada en un álbum hasta que el mítico “Live At Leeds” viera la luz en 1970.

 

El disco sería producido por el expatriado americano Shel Talmy, con quien la banda luego se vería involucrada en esa clase de esos juicios que iban a ser tristemente recurrentes para todos los artistas del período, incluyendo a The Beatles y The Rolling Stones. Pero hay que reconocer que Talmy no solo hizo un gran trabajo a nivel sonoro, sino que también fue la persona que le presentó a Nicky Hopkins a la banda. Un prodigio del piano (y posiblemente el músico de sesión más famoso de la historia), Hopkins habría de colaborar con el grupo más adelante en trabajos cardinales como “Who’s Next”.

 

Pero eso vendría luego. En el disco que nos ocupa ahora, Hopkins aportaría un gran despliegue melódico en canciones como “It’s Not True”, y anclaría el sonido en el corte instrumental “The Ox”, composición que recuerda mucho a la música surf por la impronta que Keith Moon dejaría estampada en ella.

 

“The Ox” le ponía punto final a este disco que le abría un mundo de posibilidades a The Who. La banda no solo había permanecido junta, sino que había comenzado a consolidar su sonido y a forjar un legado que devendría titánico. Fuente de inspiración para músicos de todas las generaciones, “The Who Sings My Generation” es claramente uno de los discos imprescindibles de la banda.

 

DISCO: The Who Sings My Generation

ARTISTA: The Who

DISCOGRÁFICA: Decca

AÑO: 1965

 

 

Emilio Pérez Miguel
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Rush - Moving Pictures (1981)

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Entiendo la envidia, yo vi tocar a Rush tocar en vivo el Moving Pictures en su totalidad y vos no. Mientras el trío canadiense sigue en su Time Machine tour que los trajo a Argentina el octubre pasado con esta particularidad de tocar este disco entero, la banda va armando de a poco su nuevo disco. En los últimos años se empezó a usar que bandas y compositores de larga trayectoria repasaran en vivo y tal cual fueron viejas obras propias con la excusa de algún aniversario ajustable a la fecha.

Su primer disco homónimo de 1974 fue una fiesta en clave hard rock pero en seguida se pusieron ambiciosos y la segunda parte de la década fue una etapa de excesos, mucho excesos. Pero no precisamente de drogas, sino de pretensiones musicales y letras clase B de ciencia ficción. Hay que decirlo, Neil Peart podrá ser el baterista más salado del mundo, pero escribiendo historias fantásticas era un poco ingenuo. De todas formas se las arreglaron para crear complejísimas obras heavy progresivas en una época en que todo el movimiento progresivo ya estaba en plena decadencia. El punk ya asomaba como rebelde respuesta a estos intelectuales. Pero tenía sentido que estos músicos virtuosos y referentes de su instrumento exploraran nuevas fronteras dada la formación que tenía cada uno de ellos.

Dan ganas de escribir sobre cualquiera de estos discos que sacaron en los 70's pero quiero aparentar diversidad y hacer que escucho música de todas las épocas, inclusive los bizarros 80's. Con la llegada de esta década nuevas oleadas musicales como (valga la redundancia) la new wave, el reggae y el uso hasta agobiante de sintetizadores, la dirección musical de la banda iba a cambiar. Siempre interesados por nuevas propuestas musicales, comenzarían a absorber estas tendencias y pasarlas por su propio filtro para crear algo nuevo y fresco.

Si nos remontamos 10 años atrás, un disco llamado Who's Next (1971), eternamente adelantado a su época, sorprendía por la genialidad de Pete Townshend de explorar con los recién llegados sintetizadores y fusionar secuencias y efectos de sonido con el rock más puro y directo.

Moving Pictures (1981) aunque sea de otra época tiene más o menos la misma idea, y logra crear grandes canciones más compactas y accesibles que en la década anterior, pero no menos complejas e inteligentes.

"Tom Sawyer" es seguramente su canción más conocida, con esa mezcla entre épicos riffs de hard rock y un oscuro efecto de sintetizador presente a lo largo de la canción. Geddy Lee, bajista y cantante es para algunos irritante por este segundo rol que cumple. La misma irritación que a algunos les produce escuchar cantar a Jon Anderson: su timbre de voz es excepcionalmente agudo y poco masculino. Pero no es algo que me moleste a mi, así que continuaré. Hay un interludio en "Tom Sawyer" en que me costó aprender el riff de teclados para tararearlo junto con la canción por la inusual métrica que parece que esté todo fuera de tiempo y desconectado. Es una gran satisfacción cuando lográs familizarizarte con la melodía.

Impresiona como muchas de las canciones aquí suenan convencionales y hasta pop pero no dejan de ser complejas. Algo similar pasa con The Police (los bateristas de estas bandas eran auténticos virtuosos) y con la canción que le sigue, "Red Barchetta".

"YYZ" es un instrumental que me enorgulleció entre otras cosas de haber conocido a esta banda, por un dato extraído de Wikipedia donde decía que la introducción era la banda tocando el cógido morse del nombre de la canción. No sólo por esta brillante idea tiene su mérito la canción, Geddy Lee humillaría a cualquier bajista con sus líneas de bajo y solos. La canción es una mezcla delrock más ganchero con el más virtuoso. Es música para el cuerpo y para el cerebro. Y en parte lo es todo el disco. “Limelight” que cierra el redondito lado A del disco es un power pop también llevado por un riff hard rockero.

La suite “The Camera Eye” que ocupa la mitad del lado B vuelve a la vieja tradición de canción épica de larga duración. Pero con un sonido totalmente distinto, lo que antes eran intensos metales espaciales, ahora es música a base de teclados y sintetizadores. Por alguna razón odié esta canción por mucho tiempo, me parecía una desafortunada pieza ochentosa, lenta y aburrida. Ahora es como si me pareciera lo mejor del disco. Las secuencias minimalistas de sintetizadores, los efectos pasados de época y la voz de Lee no resultaban atractivos para nada. Supongo que son de esos temas que van creciendo en vos de a poco. Ahora puedo adorar tranquilo todo lo que no me gustaba, así como que lo que mínimamente me simpatizaba, los riffs de guitarra y el tono del bajo de Lee. Olvidé hablar del orgásmico sonido del bajo de Lee en este disco. Es latoso y suena mucho a un Rickenbaker aunque use un Fender. No suena para nada a un bajo tradicional, no tiene ese sonido envolvente.

La última canción "Vital Signs" tiene mucha influencia de los ya nombrados The Police, el riff es reggae aunque irónicamente inusual, porque una vez más las métricas no son las standard. El riffeo del bajo caminante contrasta con el entrecortado riff y así cierra un disco que no en vano lo están tocando entero tal cual salió, y que aunque se etiquete de hard rock, es mucho más amplio que eso. Empezando porque habían grandes músicos detrás que hacían que seguramente sus colegas que sólo querían peludear sintieran vergüenza de sí mismos.

 

 

Agustín Fagetti
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