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Domingo, 19 May 2013

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Reseñas de Discos

A Quick One - The Who (1966)

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"Las peleas eran lo que nos unían", comentó el cantante Roger Daltrey en los años ochenta, al rememorar los inicios de The Who. Banda con cuatro líderes natos, las relaciones entre sus miembros se tornaban aún más dificultosas por el hecho de que los managers no eran imparciales, y con frecuencia tomaban decisiones que herían la sensibilidad de algunos miembros del grupo. Y como muestra, un botón: "A Quick One", el segundo disco editado por la banda.

Era el año 1966. En aquel entonces, la principal batalla que se había entablado entre Roger y el guitarrista (y compositor) Pete Townshend llegaba a su fin. Daltrey había fundado la banda, y siempre se imponía como su líder, incluso cuando eso implicaba recurrir a la violencia física. Pero su hegemonía se vio truncada cuando Pete se convirtió en el cerebro del grupo, en el preciso momento que las bandas dejaron de versionar a otros artistas y componer material propio pasó a ser una necesidad. Roger no podía componer. Pete . Y Pete era increíblemente bueno en eso; sabía decir aquello con lo que los jóvenes se identificaban, usando el mejor léxico posible. No en vano hoy se lo recuerda como uno de los mejores oradores del rock & roll.

Este fue el período más crítico para la banda, y la situación se volvió tan hostil que Roger llegó a ser expulsado del grupo. Al reconocer que su actitud no había sido la mejor (y que Pete tenía el control creativo de The Who), fue admitido nuevamente.

Y lo primero que hizo el manager Kit Lambert entonces fue firmar un contrato con la prestigiosa compañía Essex Music por el cual cada miembro de la banda recibiría un adelanto de quinientas libras, a cambio de componer dos temas en el próximo disco que editaran.

The Who venía de unos meses pesadillescos, meses en los cuales se luchó para determinar por dónde pasaría la verdadera identidad de la banda. Y cuando eso ya parecía haberse solucionado, el manager firmó un contrato de esta índole.

Esto que parece el colmo del absurdo tiene su explicación: estaban prácticamente en bancarrota. La destrucción del equipo era una parte integral de las presentaciones de la banda, y los había hundido en un abismo de deudas que parecía no tener fin. Y gastaban como locos. ¿Para que servía tener un hit si no podías comprarte la ropa más cara, o el auto de tus sueños?

Así que apenas Pete Townshend había sido proclamado como el cerebro del grupo, la banda entera debió ponerse a componer. Y eso incluía a personas que nunca en su vida habían hecho tal cosa.

Roger escribió sólo un tema, y se gastó la plata en un reluciente Volvo. La canción se llamó "See My Way", tenía un aire muy fanfarrón, y si la batería sonaba un poco rara era porque usaron unas cajas de cartón en vez de tambores. Su estructura era también simplísima, ya que tenía sólo una estrofa y un estribillo que se repetían dos veces.

Las canciones del baterista Keith Moon fueron totalmente acordes a su personalidad. El comediante del grupo, en "I Need You" imitaba a John Lennon mientras hablaba de la vida nocturna en Londres, y los platillos estaban mezclados tan fuerte que te resquebrajaban los tímpanos. Y "Cobwebs and Strange" era un instrumental grabado en tono de circo, con la banda desfilando por el estudio a instancias de Lambert, quien creyó que eso generaría un efecto de estéreo. No lo hizo. Pero el tema en sí era tan absurdo que no podía sino ser divertido. Mientras desfilaban, Keith tocó los platillos, John la trompeta, Roger el trombón y Pete una flauta. (El tema sería reciclado el año siguiente para "The Who Sell Out", y se convertiría en el comercial de "Heinz Baked Beans").

En lo que a John Entwistle respecta, la historia fue otra. Era el único miembro de la banda que tenía estudios formales de música, y eso marcó una diferencia. Logró escribir "Whiskey Man" sin mayores dificultades, un tema donde hizo gala de un humor negro que se convertiría en su recurso característico. La canción retrataba a un borracho empedernido que era institucionalizado en el medio de una nube de alucinaciones. Podría haberse tratado de él mismo, del inefable Keith Moon o prácticamente de cualquier persona vinculada con The Who. Y satisfecho por el buen trabajo, John se dejó estar. Hasta que un buen día Pete le preguntó si ya tenía su segunda canción. John recordó entonces una charla que había mantenido con Bill Wyman, en la cual (totalmente ebrios) habían inventado nombres graciosos para animales. El mejor de los nombres pergeñado por John había sido "Boris The Spider". Y ante la pregunta de Pete, improvisó una canción en el momento sobre dicha araña. Luego la perfeccionó en su casa. Y así nació su gran "himno" de The Who.

"Boris The Spider" sería el tema más pedido por el público en concierto, junto con "Magic Bus". Jimi Hendrix llegó a decir que era su canción favorita de la banda. A partir de este momento, todos los discos de The Who incluirían un tema o dos de Entwistle, y John descubrió una veta que lo llevaría a ser el primer miembro del grupo en publicar un disco solista, en 1971 ("Smash Your Head Against The Wall" - atentos a "My Size", la "venganza" de Boris).

Pete compuso "Run Run Run" y "Don't Look Away", canciones básicamente irrelevantes. Pero también creó "So Sad About Us", uno de los temas más señoriales del grupo a nivel vocal (y una de las canciones de The Who más versionadas con el correr de los años). Y como aún faltaba material para llegar a una media hora de música (lo mínimo que debía durar un LP), la banda agregó un cover de uno de las canciones que más practicaban en vivo: "Heat Wave", de Martha & The Vandellas.

Pero eso no resolvió el problema. Solo tenían 20 minutos de música, y la edición del disco ya no podría dilatarse mucho más. Desesperado, Pete recurrió a Lambert, y el manager fue muy claro: "Escribí una canción de 10 minutos". Pete replicó, "¡Ninguna canción pop dura tanto!". Y el manager le dijo con la misma contundencia, "entonces escribí varias canciones cortas, y pegalas todas juntas".

Y eso fue lo que hizo. Pete tenía un montón de ideas para canciones, pero nada definido. Unió seis de ellas, y creó "A Quick One, While He's Away", una "mini-opera" donde una mujer comete una infidelidad mientras su amado está ausente, y luego la confiesa y es perdonada. Se trató de una de las composiciones más importantes del período para la banda; fue el tema con el cual deslumbrarían al público en el "Rolling Stones Rock & Roll Circus", y esa versión es la que muchos consideran la definitiva de la canción. En lo personal, siempre me ha gustado más la versión incluida en la edición remasterizada de "Live At Leeds" (1995), donde los voces de John y Pete son un poco más prolijas. Pero es una mera cuestión de gustos.

La versión americana del disco se conoció como "Happy Jack", en parte porque la discográfica (Decca) no estaba afín con el juego de palabras del título, y en parte porque "Happy Jack" (un sencillo editado casi al mismo tiempo que el LP) fue el primer éxito de la banda en los Estados Unidos.

Y así se cerró un nuevo capítulo en la historia del cuarteto británico. En un momento de desesperación, el manager firmó un contrato que terminó realzando la imagen de la banda de forma impensada. Fue entonces que Pete comenzó a visualizar la música en un plano conceptual, que descubrió las posibilidades de concatenar temas entre sí para contar historias más amplias. Esto lo llevaría a escribir "Tommy", la primera ópera rock de la historia, y uno de los aportes más grandes de la banda a la cultura popular. Toda persona interesada ya no sólo en The Who sino también en la evolución de la música de los años sesenta encontrará en "A Quick One" elementos que le permitirán dilucidar la creciente intelectualidad de la música en aquellos años - años que hoy se nos antojan poco menos que irrepetibles, y que siguen siendo una fuente constante de inspiración para artistas de todas las edades.

 

DISCO: A Quick One

ARTISTA: The Who

AÑO: 1966

DISCOGRÁFICA: Polydor

 

 

 

Emilio Pérez Miguel
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Simplerio, de Valentina Pecora

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El creyente logra construir el mundo con su mirada, y ese mundo es tan sosegado como el ojo del espectador. La luz que impera en su realidad se desprende de él, y lo alcanza todo como si surgiera de un faro que puede calar hasta el corazón mismo de la noche más hermética.

Pero así como la fe tiene una faceta diáfana, también tiene una faceta lóbrega, que puede engrosar al mundo de demonios, de sombras que se escapan para restallar en cada nuevo inicio, y (eventualmente) sumirlo en una intencionalidad terrible.
La frontera que separa una faceta de la otra es permeable, y las radicalidades para una persona pueden ser las mayores insignificancias para otra.

Y “Simplerio” transita por esa frontera movible, dilucidando aquello en lo que se debe creer y en lo que no. Publicado por Perro Andaluz a fines de 2011, “Simplerio” es la ópera prima de Valentina Pecora, una joven flautista de ingente actividad musical. Su carrera escénica comenzó a los diez años, y en la actualidad mantiene un ritmo constante de presentaciones, a la vez que se desempeña como docente de flauta. Valentina compuso todos los temas, diseñó el arte del disco e incluso lo produjo. Su instrumento principal es la flauta traversa, pero en "Simplerio" ejecutó diversos tipos de flautas, guitarras y varios instrumentos de percusión. Se vio también asistida por Ney Peraza, Julia Melo, Gonzalo Reyes y Ernesto Díaz en guitarras, Federico Pérez en bajo, Rodrigo del Castillo en cajón, Diego Revello en violín, Leo Giovannini en percusión y Guillermo del Castillo en bajo, sitarel y rabe. Liderado por Valentina, este ensamble se encargó de interpretar un disco con una sonoridad originalísima, y con una carga intelectual muy superior a la media.

La esencia de "Simplerio" es la dilucidación de una serie de preguntas con las que todos nos identificamos en mayor o menor medida.

¿Dónde se deposita la fe para que ésta nos permita edificar y no destruir? ¿Dónde se coloca la confianza? ¿Cómo hacemos surgir una "ilusión que ilumine"? ¿Cómo se zanja la distancia que separa los diálogos de las reacciones? ¿Cómo se conforma el ritual del cariño si (como se describe en las letras) el camino con frecuencia no tiene barandas, y todo pende de una grúa de cristal?

"Simplerio" plantea todas esas interrogantes, y lo hace de forma permanente, como un aluvión de pensamientos que irrumpe para no cejar. Pero a pesar de su intensidad temática, "Simplerio" tiene más de arrullo que de cavilación. Sus canciones son tan dulces como sugiere el título de "Frutillas de Algodón" (una de sus composiciones centrales), y no suele haber displicencias en las letras, por más profundas y elaboradas que sean.

La música nunca lo permite. Forjada en torno a armonías y modulaciones orientales, la composición de "Simplerio" brinda esencialmente una cosa: sosiego. En este disco hay mucho de meditación, un componente mántrico que deja de manifiesto la visión y carácter de su compositora. Una persona carismática, que dice mucho por el sencillo motivo de que tiene mucho para decir y una mirada muy honesta, la primera vez que conversé con Valentina me dijo una frase que luego descubrí resumía no sólo esta obra sino también su forma de enfrentar la realidad: "El mundo está adentro".

Y desde su interior, desde ese mundo que ella edificó (y que permitió que otros edificaran) Valentina responde las interrogantes que plantea el disco de una manera clara: subrayando la importancia de creer en nuestros sentimientos para alimentar el motor de nuestros logros.

Esto puede parecer obvio, pero no lo es. O por lo menos, no es tan comprensible como debería serlo. Sino, ¿por qué es tan difícil creer en los dictados de nuestro corazón y seguirlos, incluso cuando sabemos que no nos engaña?

Posiblemente, porque el amor es frágil. Muy frágil.

Y todo lo frágil en demasía nos asusta porque sabemos que nos lo pueden destrozar, incluso de forma involuntaria. Pero no por eso debemos desestimarlo. "Simplerio" nos enseña que la fragilidad es el elemento del que está hecho todo lo trascendente. Frutillas de algodón, sueños de cartón, grúas de cristal... Todo es tan vulnerable, y hay que saber defenderlo. Es un riesgo enorme que correremos. Pero ese es el riesgo que hace que nuestras vidas valgan la pena.

Es una cuestión de fe.

Ya lo decía Neruda. Nada nos puede salvar de la muerte. Así que por lo menos, dejemos que el amor nos salve de la vida. Y un disco como este recalca el modo en que la capacidad de creer le de alas a nuestros sentimientos, como la fe nos permite dar ese paso vital para estar a la distancia justa de las cosas. La fe es el lenguaje más claro y elocuente, es el lenguaje que comparten los que conocen el éxito. Y  "si aprendemos a escucharnos, este sueño de cristal no muere más". Por eso existe un álbum como "Simplerio". Para poder escuchar, entender lo que escuchamos, y lograr hacer algo al respecto.

Los temas que obran como ejes del disco son "Frutillas de Algodón" y "Parámetro Paraíso", ambas composiciones ricas instrumentalmente, y muy puntuales a pesar de su larga duración. Son canciones que resumen de maravilla el aspecto de búsqueda de verdades y equilibrio de todo el álbum.

Estos dos temas se encuentran al principio, y obran como una suerte de prólogo. Y cerca del final aparecen otras dos composiciones claves, "El Ruido Del Candado" y "Cuerpo Casa Corolario". Son temas importantes porque dejan entrever algunas de las facetas más dañinas que puede tener la fe, el grado de alienación que puede generar una creencia desmedida. "El Ruido Del Candado" en especial me hace pensar en el tema "Outside Of The Inside" de Richard Thompson. Aunque el grado de peligrosidad no es comparable, si media una fe tan radical que no puede sino limitar la percepción que el protagonista tiene de la realidad, y de sus propias capacidades. 

En lo estrictamente personal, no puedo dejar de mencionar “Hoy”, “Tanto”, y “Punto Fijo”. Son tres buenos ejemplos de lo bien abonadas que llegan a estar las canciones del disco por la influencia oriental. Las tres son composiciones que harán las delicias de cualquier adepto a la animación japonesa; todas ellas podrían haber sido extraídas de la banda sonora de series como “La Federación de las Plumas de Carbón” (título original: “Haibane Renmei”). Dicen mucho del nivel de atención y compenetración de la persona que las compuso.

Aunque lo más importante lo termina explicitando ella misma.

“Tengo tantos colores adentro que de afuera me veo blanca”, anuncia Valentina al final del disco, en “Anywhere's Face”, una canción que combina idiomas a una velocidad de vértigo.
Y es verdad. Tiene tantos colores. Y cada color es un mundo. Y ella me lo había señalado antes, “el mundo está adentro”.

Pero no me dijo que alguien podía tener más de uno, que alguien podía ostentar más de un color. Y mucho menos que cada color podía importar tanto. “Simplerio” nos enseña una acuarela, dotada de colores preciosos y hondos. Pinte cada cual con el que más le guste. Pinte la tierra, pinte mareas, pinte los ojos donde reflejarse como una luna bruñida por el milagro del afecto. Y no tenga miedo si el resultado se ve frágil. Eso será una medida de su valor verdadero.

El cuadro puede llevar mucho tiempo. Valentina también lo advierte, "esta gran enredadera/llevará una vida entera/ de regar y de regar". La fe y la creencia solas no bastan: hace falta consistencia y dedicación. En este disco, ella ya puede ver los frutos de haber consagrado su vida al arte, gota por gota de esfuerzo y de ilusión. Podrá grabar muchos álbumes más. Seguramente lo haga. Pero su parámetro paraíso ya está definido. Enhorabuena por ella. Qué bueno sería que todos, de algún modo, pudiéramos definir también el nuestro.

Quizá no sea tan difícil.

Quizá sea un simplerio.

Es una cuestión de fe.

 

DISCO: Simplerio

ARTISTA: Valentina Pecora

DISCOGRÁFICA: Perro Andaluz

AÑO: 2011

 

PARA ESCUCHAR EL DISCO ONLINE:

http://valentinapecora.bandcamp.com/album/simplerio

 

 

Emilio Pérez Miguel
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The Traveling Wilburys - Vol. 1 (1988)

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Creo que me gustaría pensar que la realidad supera al sentido común. Por lo menos eso me haría salir de la duda de cómo un conjunto musical que tiene a Bob Dylan, George Harrison y (, los tres incluídos, pero atención que habrá más) Roy Orbinson en su agrupación no es una de las bandas más famosas de la historia. Lo que justificaría tal caso es que la banda haya sido un fracaso de proyecto y un intento desafortunado de facturar unos mangos. Bueno, no es el caso por ninguno de los dos motivos. ¿Cómo se podría culpar a viejos colegas que les pintó reunirse, divertirse y hacer música juntos? Sólo mirad la tapa. Gente que revolucionó literalmente una generación está en esa fotoEsa banda de amigos ya cincuentones también incluían a los ligeramente más jóvenes Tom Petty y Jeff Lynne. Lynne, ex Electric Light Orchestra, es la pieza fundamental del disco, siendo el productor y uno de los principales responsables del producto discográfico final. Para entender el pop adulto del disco sólo basta escuchar los clásicos hits "You got it" de Orbinson y "Learning to fly" de Petty lanzados en el '89 y '91, respectivamente. Ambos singles fueron producidos por Lynne.

Vol. 1 es un conjunto de colaboraciones compositivas sumamente despreocupadas. Los ganchos están por todos lados. "Handle with care" es indudablemente el tema que mejor resume a los Wilburys en una auténtica colaboración: Harrison se encarga de las estrofas y el riff desendente principal, Roy Orbinson del puente disonante y Dylan junto a Harrison del amistoso estribillo. "End of the line" es el otro single más recordado, pero es fácil aburrirse de él. "Not alone anymore" es una brillante balada ambiental liderada por Roy Orbinson y "Margarita" es de las más interesantes tanto musical como vocalmente, por no decir un festín Wilbury. Incluso el a veces arisco Dylan se manda la alegre "Dirty World" y la caribeña "Last Night". El álbum es como si estuviese hecho para tocar en su totalidad en pequeños pubs texanos. Tiene esa revitalización bastante intrépida para fines de los 80's de volver a las raíces como lo hiciera The Band a fines de los 60's. Y esa debe ser la respuesta a por qué no han sido lo suficientemente recordados todo este tiempo. El disco está lejos de ser influyente y pretencioso musicalmente. Pero qué importa si las melodías están ahí.Y lanzado justo a tiempo: Orbinson fallecería a fines del '88. A modo de homenaje no habría Vol.2, sino que en 1990 saldría Vol. 3, que sería en realidad su segundo disco. Más que entretenido cancionero de gente incalculablemente experiente.

 

 

 

Agustín Fagetti
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20 Aniversario del disco Mondo Bizarro de The Ramones

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¿Fuimos una familia feliz?

 

La influencia de The Ramones en la historia del rock, en sus más diversas vertientes es absolutamente incuestionable. Basta una mínima investigación, para concluir que la cantidad de bandas y músicos que fueron influidos por este cuarteto neoyorquino es realmente grande. The Ramones fue una banda muy particular, más tomada como un grupo de compañeros de trabajo que de amigos, tal vez lo de amigos hubiera existido al comienzo, pero con el transcurrir de los años, y hechos acaecidos, que incluyeron serios enfrentamientos personales por temas extramusicales, volcaron más el vínculo hacia un lado mucho más profesional que afectivo.

Publicado el 1º de setiembre de 1992, The Ramones venían de editar como último lanzamiento en estudio el buen Brain Drain, en 1989, a estas alturas, Dee-Dee Ramone ya no formaba parte del combo (aunque aún así colaboró en la composición de algunos temas de Mondo Bizarro), habiendo sido sustituido pocos años antes por C.J. Ramone, bastante menor en edad que el trío restante, el baterista por entonces era Marky Ramone, en su segundo período en la banda.

El disco inicia con “Censorshit”, tremendo tema que hace alusión a la censura en la industria musical, un claro alegato en contra de los famosos “stickers” en la tapa de los discos, que advertían acerca de su contenido. “The Job That Ate My Brain, es la que sigue y oficia como previa para una de las canciones más conocidas (y quizá ¿comerciales?) de la carrera de la banda, el “hit” “Poison Heart”, que sonaría muchísimo en las radios por esos años, lanzado como primer single, acompañado además de un video. El disco resulta ligero y potente, con canciones como “Tomorrow She Goes Away”, “Anxiety”, “Heidi is a Headcase”, “Cabbies on Crack” (ésta última con el guitarrista de Living Colour, Vernon Reid como invitado).

Si tocabas el bajo en The Ramones, en algún momento tenías que cantarte alguna, Dee-Dee lo había hecho en reiteradas ocasiones anteriormente, y en Mondo Bizarro C.J. también lo hizo, participando en dos temas como vocalista además de bajista, la “ganchera” “Strenght to Endure”, otro de los singles del disco, bastante más cercana a un “punk-pop”, y la dura “Main Man”. Y si canta Joey, alguna balada de amor iba a haber, “I Won´t Let It Happen" tiene esa onda. Promediando el disco, hay un joyita, el excelente cover del tema de The Doors, “Take it as it Comes”, “a lo ramone”, dándole otro aire, revitalizándola en un sentido más punk, pero además, con unos teclados absolutamente adecuados, que recuerdan a la versión original de Morrison y sus muchachos, de lo mejor del disco. “It´s Gonna Be Alright” sigue una línea cercana a “Strenght…”, más accesible y “popera”, siempre tomando en cuenta la banda a la que nos referimos. El disco culmina a toda velocidad con “Touring”, con unos coritos muy “a lo Beach Boys”, banda fundamental en la génesis ramonera.

A partir de acá, no quedarían muchos años para la disolución del grupo, producida en 1996, (hubo un inolvidable concierto en Montevideo dos años antes, 14/11/94, Palacio Peñarol). En el mismo año que Mondo Bizarro, reeditarían también el álbum en vivo “Loco Live”, lanzado un año antes, luego, en 1993 editarían el disco de covers “Acid Eaters”, y ya en 1995 el último oficial en estudio “Adiós Amigos”, evidenciando a las claras la resolución tomada de separarse. Mondo Bizarro es a la vez un disco publicado en pleno auge del denominado “grunge”, y no le fue tan mal, comparado con otros lanzamientos por esa época, de bandas que venían de décadas anteriores y que se resquebrajaron musicalmente en los 90.

Al momento de separarse, aún gozaban de una popularidad relativa en su país (nunca fueron masivos allí), pero fueron populares y en muchísima mayor medida en Latinoamerica, siendo un fenómeno masivo inigualado hasta hoy en países como México, Colombia, Chile, Brasil y más aún en Argentina, existiendo una especie de “cultura ramone”; al momento de cese de la banda, todavía llenaban grandes estadios en estos países. La separación fue más por problemas personales, los mismos que cada tanto reaparecían y se trataban de sobrellevar. Luego, ya la posibilidad de reunión del grupo se diluyó definitivamente cuando en el lapso de cuatro años, murieron los tres pilares de la banda: Joey el 15 de abril de 2001, Dee-Dee el 5 de junio de 2002 y Johnny el 15 de setiembre de 2004, punto final.

Lanzado en una década en la que el rock tuvo otros referentes; este disco está ahí, como un testimonio valioso y de consulta a la hora de entender la importancia y permanencia del cuarteto liderado por Joey, ese personalísimo vocalista (baterista en los comienzos), secundado desde siempre en la guitarra por Johnny.

Aquel grupo salido del CBGB´s Club, y que adoptó el apellido que otrora usara Paul McCartney en su etapa beatle tempranera, dejó un legado que trasciende el punk y se expande a cada nueva generación. Mondo Bizarro es una buena muestra de ello.

 

 

 

Paulo Roddel
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Boston - Boston (1976)

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El debut de Boston fue igual de explosivo que el debut de The Ramones el mismo año, pero por razones completamente distintas. The Ramones saltaron con ese novedoso rock  llevado a la mínima expresión, orgullosamente simplista. Boston en cambio tenía distintas ambiciones: entabló lazos entre el ya decadente rock sinfónico, el hard rock, el pop y logra un disco con un trabajo vocal que marcarían nuevos standards a la hora de entonar y armonizar. Las voces particularmente agudas, usadísimas en la década de los 80's por grupos de pop metal serían una y otra vez influenciadas por Boston.
 

Sorpresivamente las radios de Estados Unidos adoraron tanto el disco que a partir de entonces empezaron a denominar classic rock a toda canción presente aquí y a sus semejantes. Las ocho canciones del disco siguen sonando en las estaciones americanas, quedando desvirtuado el término de rock clásico hasta el día de hoy. Lo que pasó también es que la música disco estaba en ebullición y los americanos parecían estar ansiados por un grupo de rock en el cual indentificarse. "Rock and roll band" es un ejemplo de ese nuevo rock clásico, término en realidad puramente comercial. Ya con su primer disco la banda parece estar en su pico creativo, llena de melodías y arreglos que van desde la música clásica al hard rock más polenta. Sigue siendo recordado como uno de los más grandes debuts de la historia del rock. "More than a feeling" es de esas baladas épicas icónicas de la década de los 70's y "Smokin'" es un rock tan bombástico que no tiene explicación su desapercibimiento. "Piece of mind" y "Something about you" son simplemente postales del rock estadounidense a mediados de los 70's. El impacto del disco para los jóvenes rockeros en su momento fue enorme
 
Todas las canciones están cargadas por un espíritu de celebración y grandiosidad que la banda parecía estar destinada a las masas y a los estadios. Boston fue quizá la respuesta americana en la segunda década de los 70's a todo lo bueno que estuvo pasando por Inglatera al comienzo de década.  La reseña original de la Rolling Stones los catalogó como un ensamble entre Led Zeppelin y Yes. En realidad, no sé si sean tan buenos, también el disco se magnifica por la pomposidad de las guitarras o por pasajes espaciales. La tapa también busca darle todo ese entorno de ciencia ficción más-allá-de-la-vida. Pero "Foreplay/Long Time" tiene secciones que van desde la música clásica a pop de estadios, y logra una pieza lograda y a la vez exitosa. No sé si convendría compararlos con los contemporáneos ingleses, no creo les convenga. En el caso de hacerlo, lo de Boston roza lo grasa, pero aún así son irresistibles. 
Tom Scholz es casi el dueño del disco: compuso, arregló y ejecutó gran parte de lo que suena. Pero la voz de Brad Delp se transformó en un prototipo a seguir para los cantantes melódicos de rock y heavy metal.
 
 
 
Agustín Fagetti
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