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¿Una banda punk que publicó un álbum conceptual en pleno 1979?
El pensamiento obtura una idea así, y el instinto musical la rechaza de plano. La música punk se asocia con un ejercicio parricida, con la creación de un orden que es intrínsecamente válido. Las viejas fórmulas y moldes solo existían para romperse. Para los punks, algo como un álbum conceptual era propio de Pink Floyd o de Genesis, bandas cuya impronta era menester evitar. La música punk apuntaba a retratar los problemas reales de su público, en un lenguaje claro y frontal. Pero algunos compositores supieron entender que ambos enfoques podían acercarse, y ser utilizados de forma complementaria. Paul Weller fue uno de ellos.
Weller lideraba The Jam, una de las primeras bandas punk inglesas en editar un disco en 1977. Paul adoraba a The Who y a The Kinks. Sabía muy bien que la conceptualidad podía ser empleada para narrar historias cotidianas, con dramatismo y eficacia. En "Quadrophenia", The Who plasmó el pasaje de la adolescencia a la madurez con una propiedad irreprochable Y Weller sentía que a su generación le faltaba un disco así.
Y con "Setting Sons", se propuso llenar ese vacío. .
La banda (que también incluía a Bruce Foxton en bajo y Rick Buckler en batería) grabó y editó este álbum a fines de 1979. Sería el cuarto LP del grupo; su carrera estaba en ascenso en aquel entonces, y "Setting Sons" acabaría de consagrarlos.
La historia que Weller buscó contar era la de tres amigos que crecieron juntos, compartiendo una vida idílica casi al margen del mundo Su existencia se vio luego impactada por una gran guerra, y sus vidas adultas fueron irreconciliablemente distintas. Políticamente, uno se volcó a la extrema derecha, otro a la izquierda, y el tercero (que vendría a ser Weller) quedó exactamente en el medio. Uno se convirtió en un revolucionario, otro en un empresario frío y calculador a la merced de "las ruedas de las finanzas", mientras que solo el personaje encarnado por Weller podía ver ambas posturas con nitidez, y lamentarse por la alienación que se apropió de sus vidas
Ésta era la historia que Weller hubiera querido contar. Pero debido a la insistencia de la discográfica, la banda tuvo que publicar el álbum antes de tiempo. Solo las canciones "Thick As Thieves", "Little Boy Soldier", "Wasteland", "Burning Sky" y "The Eton Rifles" siguieron este concepto al pie de la letra. El grupo se vio obligado a agregar varios temas que no guardaban relación alguna con la idea original de Weller - un total de cinco canciones más. Y el resultado fue un LP desparejo.
En lo que a los cinco temas "conceptuales" se refiere, constituyen la música más elaborada que la banda llegó a registrar en un estudio. "Thick As Thieves" narraba la joven vida de los protagonistas, y hoy (sabiendo cómo terminó la historia de The Jam) duele mucho leer esa letra sobre tres amigos que pierden para siempre el vínculo que los estrechaba.
"Little Boy Soldiers" era la composición más ambiciosa del disco; se dividía en varios movimientos, y Foxton aprendió a tocar el cello solo para esa canción. Por momentos recuerda sobremanera al disco "Arthur" de The Kinks ("Yes Sir No Sir"), y una versión más larga que luego sería pirateada hasta el hartazgo nos dio una medida exacta del disco que Weller realmente tenía en su cabeza.
"Wasteland" (cuyo título fue inspirado por el poema homónimo de T.S. Elliot) también presentaba un sonido más primoroso - la banda recurrió a una flauta dulce para plasmar la melodía de esta elegía que (si todo hubiera salido de acuerdo al plan) hubiera estado al final del disco.
"Burning Sky" era más sencilla y fiel al sonido insigne de The Jam, pero la letra en sí era original: estaba presentada como una carta que el amigo ahora empresario le enviaba al personaje interpretado por Weller, donde el mensaje era básicamente que "el trabajo está primero".
Y "The Eton Rifles" narraba una trifulca entre chicos de una escuela pública con alumnos de un colegio privado, presentando los conflictos de clase en un tono despreciativo. Weller (quien se declaró un socialista desde el principio) quizá supo adoptar esa postura luego de escuchar canciones como "Won't Get Fooled Again" de The Who, donde los mismos protagonistas ponen en tela de juicio la viabilidad de cualquier proceso revolucionario, partiendo de la premisa que la naturaleza humana es incambiable.
El nivel de las canciones que fueron agregadas para rellenar el resto del disco oscila constantemente. La primitiva "Girl On The Phone" (sobre una fan que se había obsesionado con Weller) y un cover totalmente vacuo de Martha & The Vandellas, "Heatwave" (tema versionado constantemente por The Who en su etapa de "máximo R&B") eran las que desentonaban más.
Afortunadamente, también se incluyeron las canciones "Saturday's Kids" y "Private Hell". La primera estaba bruñida con algunas de las mejores observaciones de Weller sobre la vida de los jóvenes ingleses en aquellos años, y (como tal) encajaba bien con el resto del material. Y "Private Hell" dejaba claro que Weller no solo se inspiraba en el pasado, sino que también sabía observar todo lo que ocurría a su alrededor. Weller escribió "Private Hell" luego de una actuación en vivo junto a Joy Division en el programa de televisión "Something Else". La línea de bajo que se ideó estaba a la par de las que Peter Hook contribuyó a temas como "Disorder" y "Shadowplay", y la canción (sobre una ama de casa que tiene una vida pesadillesca) siempre funcionó muy bien en vivo.
Y el baterista Rick Buckler tuvo la idea de tomar un tema viejo de Foxton (quien ocasionalmente componía algún lado b), y grabarlo con violines. El resultado fue una nueva versión de "Smithers-Jones", que transmitía mejor lo burlón y patético de la letra al desnudarla de su antigua agresividad.
A Weller el disco nunca le gustó del todo. Luego de editado, se quejó del sonido enormemente prolijo de muchos de los temas - "parece otra banda", llegó a comentar. Quizá lo que lo frustró más fue el hecho de haber tenido que rellenarlo con canciones ajenas a su concepto original (cabe destacar que cuando salió a la venta el LP, el orden de las canciones venía pegado con un autoadhesivo - no se supo cómo iba a estar conformado hasta el último momento). Para los seguidores de The Jam, "Setting Sons" siempre será uno de los mejores trabajos de la banda. Fue el disco que los catapultó de lleno al estrellato, y una pieza clave en el trío de álbumes imprescindibles que comenzó con "All Mod Cons" en 1978, y que culminaría con "Sound Affects" en 1980. Hubo momentos destacados tanto antes como después, pero es en esos tres discos donde The Jam sentaría la verdadera base de su legado, y a donde hay que remitirse para entender el porqué de su eterna vigencia en el Reino Unido.
DISCO: Setting Sons
ARTISTA: The Jam
DISCOGRÁFICA: Polydor
AÑO: 1979
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