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óbolo cultural

 
carta abierta
 
 

 

 

Carta abierta (*) dirigida al Poder Ejecutivo en general, a los miembros de la Comisión Nacional de Patrimonio y a las autoridades del Ministerio de Educación y Cultura y Ministerio de Transportes y Obras Públicas en particular:

 La Unión de Artistas Plásticos y Visuales - UAPV, (con Personería Jurídica No. 11221 Folio 225, l.19), apoya, por absoluta mayoría (**), los reclamos vertidos en la prensa por el artista visual Oscar Larroca y por el escritor Miguel Ángel Campodónico en relación a la protección de la intervención que realizara el maestro Manuel Espínola Gómez en el Edificio Independencia (ex Palacio Estévez).

Nuestro gremio defiende todas las producciones simbólicas de nuestra cultura y brega para que se contemplen todos los recaudos que permitan su mayor visibilidad. Cabe señalar que Uruguay se suscribió al Convenio de Berna para la Protección de las Obras Literarias y Artísticas del 9 de setiembre de 1886, y ratificada por nuestro país por el Decreto-Ley No. 14.910 del 19 de julio de 1979 cuyo reglamento contiene una serie de disposiciones que determinan la protección mínima de obras literarias y artísticas que se concede al autor, además de las disposiciones especiales disponibles para los países en desarrollo que tuvieran interés en aplicarlos.

Esa protección debe incluir todas las producciones en el dominio literario, científico y de artes plásticas, cualquiera que pueda ser su modalidad o forma de expresión (artículo 2(1)). La convención abarca también los "derechos morales", es decir, el derecho de reclamar la autoría de la obra y el derecho de oponerse a cualquier mutilación, deformación u otra modificación de la misma, o bien, de otras acciones que dañan la obra y podrían ser perjudiciales para el honor o el prestigio del autor. En cuanto a la vigencia de la protección, la regla general dispone que se deberá conceder protección hasta que concluya un periodo de 50 años a partir de la muerte del autor.

Por todo lo expresado, y en el entendido de que estamos ante una incalificable determinación que puede afectar uno de los testimonios mayores de nuestra cultura, la U.A.P.V. exige se contemplen los derechos anteriormente enunciados y que la obra en cuestión pase a ser protegida reglamentariamente por la Comisión Nacional de Patrimonio con el propósito de que no quede a merced de los designios del gobierno de turno.

 

Juan Mastromatteo (presidente)

Sergio Viera (secretario)

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(*) Esta carta abierta  de la UAPV fue publicada en diferentes medios de prensa

(**) Aprobado por la totalidad de los socios presente en la asamblea de día 2 de julio de 2009 efectuada en la Casa del Autor - AGADU

 

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Informamos asimismo que al día siguiente a la publicación de esta nota en la prensa, el ministro Sr. Víctor Rossi, visiblemente preocupado, se comunicó telefónicamente con nuestro compañero de la directiva, Juan Mastromatteo para trasmitirle que el supuesto desmantelamiento de la obra del artista Espínola Gómez, "era un malentendido, que ignoraba cómo se había producido", pero que aseguraba que la misma no sería tocada y por lo tanto no sería desmantelada.

Debemos precisar sin embargo, que los rápidos reclamos volcados a la prensa respondieron a afirmaciones contradictorias pronunciadas por el propio ministerio en cuanto al claro desmantelamiento de la citada intervención. Aún así, se le respondió al ministro que sus palabras (acerca del compromiso de no modificación alguna) eran una buena noticia que sería prontamente difundida entre nuestros asociados. Quedó a la orden para cualquier encuentro posterior.

 

Comisión Directiva de la UAPV

 

 

“Un mundo seco (carta abierta a la ciudadanía)”:

En las últimas semanas, un portavoz ministerial del gobierno anunció la disposición del Poder Ejecutivo de desafectar, desmantelar y –eventualmente- trasladar la intervención que realizara el artista Manuel Espínola Gómez (1921-2003) en el Edificio Independencia (ex Palacio Estévez). El maestro trabajó junto al Arquitecto Enrique Benech y contó con el apoyo especializado de carpinteros del Ministerio de Transporte y Obras Públicas que operaban bajo la dirección del Arq. Nelson Colet. Se trata de una serie de obras en madera que remodelan una buena parte del edificio y que comprenden: la remodelación total del hall de entrada (con forma de “solapones” o “cortinados”, en palabras del autor), el marco del escudo nacional ubicado en el primer descanso de la escalera, los palcos laterales a ese escudo, el pasillo del segundo piso, el marco de la puerta del pasaje presidencial, el pasaje al Salón Rojo, y los revestimientos en las aberturas del Salón Azul. Se sustituyeron algunas molduras (que no eran las originales), se recuperó el lucernario sobre la escalera central y se ajustó el color en recintos que no sufrieron modificación alguna “debido –ahí sí- a su interés ornamental.” (1) Cabe señalar que, debido a su carácter de funcionarios contratados, ni Espínola ni Benech cobraron honorario alguno por este trabajo. Las obras comenzaron en 1987 (bajo la presidencia de Julio María Sanguinetti) y culminaron dos años más tarde.

Se trata de una obra mayor y arriesgada de uno de los artistas más valiosos del que se benefició la cultura uruguaya.Dice Rimer Cardillo: “…lo realizado en esa Casa de Gobierno es la obra donde el arte plástico y la arquitectura adquieren una imbricación mayor en nuestro país; un ejemplo único en el que se reúnen todas las categorías técnicas en un solo hecho cultural. Y como tal, lo que se hizo allí es de los trabajos que más contribuyen a dar una imagen del sentido universalista de nuestra cultura.” (2) No todos son elogios, naturalmente. Víctima de los augurios de su propio autor (“Nuestra clase política es profundamente inculta y no tiene empacho en hacer prescindible el arte producido en este país”), la obra sufrió descalificaciones varias fundadas en el gusto, al extremo que el destino de la intervención podría sujetarse al agrado o desagrado que provoca la misma. Otros, con la locuacidad que los acompaña, argumentan sobre la inconveniencia de una labor que afecta parte de la arquitectura edilicia original. Como se puede observar, esas desabridas reprobaciones no se ubican a la altura de los argumentos estéticos empleados por Espínola para el citado trabajo, pero, desafortunadamente, se están esgrimiendo para reforzar algunas evidencias a propósito de los vacíos legales o patrimoniales que, sin duda, lo rodean. Es decir, no hubo oportunamente un llamado a un concurso de oposición y méritos, ni existe una norma de amparo acerca de la inamovilidad de lo construido.

Sobre el contenido del estilo original del edificio, se podrían enumerar cientos de ejemplos en el mundo relacionados con la participación, el contraste o la dialéctica de estilos que cohabitan un mismo espacio. En lo que tiene que ver con la decisión de Julio María Sanguinetti de no facultar los mecanismos de una convocatoria abierta, también se podría afirmar que el resultado de la obra trasciende infinitamente el uso o desuso -apropiado o inapropiado- de normas más o menos sacramentadas por la convivencia democrática. Aquí también se podrían especificar incontables ejemplos históricos que sobresalen debido a su valor universal por encima de las potestades, miserias o virtudes de quienes dieron lugar a esas manifestaciones. Y sobre el gusto de cada uno… ¿qué se podría agregar a una discusión que debería escapar de la incapacidad del burócrata mediocre que no se da cuenta del carácter profundamente testimonial de lo que ataca; ni del sentido altamente destructivo de su embestida si esta fuera siendo ley ya no sólo en los asuntos del arte?… ¿o del soberbio, que imposibilitado de contribuir al desarrollo de la cultura, urgido por dejar su marca en su breve pasaje por el poder, hace y deshace a su gusto? Sigmund Freud decía al respecto: “Es propio de la naturaleza humana el inclinarse por tachar de incorrecto algo que no gusta y después es fácil hallar argumentos en su contra. Se convierte entonces lo ingrato en incorrecto sosteniéndose objeciones en calidad de prejuicios, ahora, contra todo intento de réplica.” (3)Si hablamos de gustos podríamos empezar por examinar la simbología subyacente en el himno nacional, el aporte literario de la “Leyenda Patria” de Zorrilla de San Martín, el valor plástico del “Desembarco de los Treinta y Tres” de Juan Manuel Blanes, así como muchos otros hechos culturales. Sin embargo, no se puede dejar de reconocer que esos registros forman parte (algunos más directamente que otros) de la edificación de nuestra cultura y nuestra memoria colectiva.

 

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En lo inmediato, queremos creer dos cosas: que la decisión del desmantelamiento de la obra de Manuel Espínola Gómez en el Edificio Independencia no obedece al apetito obcecado de aniquilar lo que erigió (en el plano cultural) la administración Sanguinetti. La generosidad de Espínola no proviene sólo de haber encontrado una voz que le ofreciera eco a sus personalísimas creaciones, sino de entregarse en cuerpo y espíritu para dar lo mejor de su faena (vaya si todavía en la izquierda –al igual que en la derecha- hay gestores incapaces que operan bajo el resguardo de una manera decrépita de hacer política). En segundo lugar, queremos creer que la obra aún conserva su aspecto original y que nadie perpetró la mínima modificación sobre la misma. Y si se llegara a constatar la voluntad de remoción de ese legado, estaríamos asistiendo a la fundación de un procedimiento ejecutor en base al gusto o disgusto del jerarca de turno. ¿Acaso hay actitud más autoritaria de quien –basándose en la investidura jerárquica y la sutileza de un eventual decreto-promueve un mejor destino para la obra referida cuando en realidad se la hiere de muerte?

No reclamamos grandeza para que se revise la decisión del Poder Ejecutivo; pero sí nos sentimos en el legítimo derecho de exigir la más estricta justicia y que el tema sea laudado favorablemente por la Comisión Nacional de Patrimonio en base a la indeclinable perennidad de las producciones simbólicas: “el resultado finalpuede tenerungrado de convicción y de justificaciónsi eso cumple, desde luego, con la finalidad histórica documental y testimonial de la cultura del hombre.” (Manuel Espínola Gómez)

Para finalizar, lo haremos con palabras del maestro Guillermo Fernández (4): “Lo que logró en el Palacio Estévez es una cosa interesante y valiosa. Se trataba de un edificio con partes internas sin estilo, al que se le dio un sello del siglo XIX, suntuoso, muy refinado. Se le dio color y luz “dentro de la cancha” en que estaba. Era un edificio parcialmente desvirtuado y sin carácter, y ahora contiene un aporte muy atrayente que revela un ojo inteligente y se inscribe en esta cultura donde la tradición y la participación suelen darse juntas rara vez. Por todo eso, Espínola es una especie de juglar muy singular y muy rico: un creador que sin embargo ha vivido en un mundo un poco seco para él.”

  

Oscar Larroca

Acompañan esta carta abierta:

Juan O. Barcia, Marcelo Legrand, Eduardo Mernies, Jorge Sosa Campiglia, Gerardo Mantero, Eduardo Espino, Mario Schettini, Verónica Panella, Nelson Romero, Gerardo Ruiz, Arthur Perschak, Juan Mastromatteo, César Rodríguez Musmanno, Aramis Tavares, Miguel Ángel Campodónico.

 

 

1) Información y textos extraídos del libro “Manuel Espínola Gómez” escrito por Jorge Abbondanza. Ed. Galería Latina, Montevideo, 1991. 224 pp.

2) (Id.)

3) Sigmund Freud. "Conferencias de introducción al psicoanálisis" (Introducción a la primera conferencia) Universidad de Viena, 16 de octubre de 1915.

4) (Id. 1 y 2)

 

 

 

 

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